jueves, 22 de septiembre de 2011

Muerte al Zar.

'Si quieres ver el futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano para siempre'. George Orwell.

'Otoño de 1812. Encabezando su ejército derrotado y diezmado, Napoleón ha salido de Moscú y abandona Rusia. Los rusos, triunfantes, despliegan una ofensiva. Para expresar su gratitud a la Providencia por ´haber salvado a Rusia de la aniquilación que la amenazaba´, el zar reinante, Alejandro I, decide levantar en Moscú un templo ´bajo el patrocinio del que salvó a Rusia´, Cristo Salvador. El templo debe ser tan grande cuan grande es la gratitud del zar al Hijo de Dios; ha de ser inmenso, gigantesco.

Fue el sucesor y hermano de Alejandro I, Nicolás I, en el quinto año del ejercicio del poder imperial, es decir en 1830, que retomó la idea de erigir el templo de la gratitud. El lugar elegido para levantarlo tenía dos ventajas: primera, estaba cerca del Kremlin, y segunda, que justo al lado fluía el río en el cual el ortodoxo Pueblo de Dios podía hacer sus tradicionales abluciones religiosas.

Los trabajos duraron cuarenta y cinco años sin interrupción. Los supervisó el propio Nicolás I hasta el día de su muerte, acaecida en extrañas circunstancias en 1855. La obra del padre fue continuada por el hijo, Alejandro II, que murió en un atentado con bomba en 1881. Por fortuna, el estado de obras fue objeto de cuidado y preocupación del siguiente zar, el hijo de Alejandro II, Alejandro III. Ninguno de ellos escatimó tiempo y dinero en aquella obra ambiciosa, y parecía que eterna.

No sólo Moscú, no solo Rusia, el mundo entero contemplaba, estupefacto y mudo de admiración, tamaña proeza.

La bendición del templo se produce en presencia del zar Alejandro III, el 26 de mayo de 1883. Los allí congregados, aunque ya conocían su parte exterior, pues al fin y al cabo llevaban años viéndola levantarse, tras penetrar al interior, no pueden evitar lanzar un grito sublime de admiración, y con razón.

El templo de Cristo Salvador se levantaba a una altura de treinta y dos pisos. Para la construcción de sus muros, de 3,2 metros de espesor, se gastaron cuarenta millones de ladrillos. Lo cubren, por dentro y por fuera, placas de mármol y de granito. En toda la superficie del templo, dichas placas se adhieren a los ladrillos gracias a la instalación de unas molduras de plomo especialmente diseñadas. El lugar sagrado lo coronó una cúpula gigantesca cubierta con láminas de cobre cuyo peso alcanzaba la ciento setenta y seis toneladas. En lo más alto se alzaba una cruz de tres pisos de alto. La cúpula estaba rodeada por cuatro campanarios, que albergaban catorce campanas con un peso total de setenta y cinco toneladas. Daban acceso al interior del templo doce puertas de bronce. Su peso total era de ciento cuarenta toneladas. El interior era lo más impresionante. Lo iluminan velas colocadas en tres mil candelabros. Y además, dado que según la tradición ortodoxa los fieles al entrar en la iglesia encienden las suyas -y el templo daba cabida a veinte mil fieles-, las ventanas despedían un resplandor impresionante.

Nada más entrar un iconostasio gigantesco y cautivador se desplegaba ante los ojos, en el cual se usó cuatrocientos veinte y dos kilos de oro. En su parte inferior las paredes se recubrieron con ciento setenta y siete placas de mármol, y encima hasta la misma cúpula, las paredes estaban cubiertas por cuadros pintados con una técnica especial sobre estucado en blanco.

Este imponente y espléndido templo, único en su clase y orgullo del arte y la arquitectura rusas, existió cuarenta y ocho años: hasta mediados de 1931, cuando Stalin decidió demolerlo.

¡Nada de discursos ni de declaraciones! Sencillamente, el 18 de julio de 1931, en el Pravda apareció una noticia anunciando que las autoridades de la Unión Soviética habían decidido construir en Moscú el Palacio de los Soviets. La noticia contenía también la información del emplazamiento de dicho palacio. La dirección facilitada no decía nada a la gente de fuera; en cambio, a los habitantes de Moscú se lo decía todo, a saber: el palacio debía levantarse en el lugar que ocupaba el templo.

¿Por qué precisamente allí? Moscú era una ciudad enorme, disponía de multitud de espacios libres, incluso en los alrededores del Kremlin había muchas plazas sin edificar, de modo que se podía tener una perfecta localización. Y, sin embargo, no; ¡se trataba precisamente de aquel trozo de tierra en que se erigió el Templo de Cristo Salvador!

La sola explicación de que reinaba el ateísmo, de que se libraba una batalla contra la religión, aunque era cierta, no lo aclaraba todo. Moscú albergaba un gran número de iglesias ortodoxas, incluso las había en el Kremlin, y sin embargo el dedo del líder se había posado justo en ese lugar único donde se levantaba la imponente silueta del templo que habían erigido los zares de Todas las Rusias en señal de gratitud a Dios por haber forzado a Napoleón a retirarse, salvando así a su Imperio.

En una noche cercan la inmensa plaza alrededor del templo y ya de madrugada empiezan la demolición. Disponiendo sólo de unos medios técnicos atrasados y primitivos, se trataba de derribar en apenas cuatro meses (éste fue el plazo fijado para espeluznante tarea) aquello que se había construido, con un esfuerzo y sacrificio extraordinarios, en cuarenta y cinco años.

¿Y qué dijeron de todo ello los tres millones de habitantes de Moscú en la época? Al fin y al cabo, estaban destrozando su Basílica de San Pedro, su Catedral de Notre Dame, su Monasterio de Jasna Gora. No dicen nada. Así es la vida.

La muerte del templo se consuma el 5 de diciembre de 1931.

Todo ocurría al mismo tiempo: la destrucción del templo y millones de personas muertas por el hambre. En la profunda hondonada se había formado un pantano de aguas estancadas.

Al final fue Jruschov quien ordenó aprovechar los cimientos del Templo de Cristo Salvador para construir sobre ellos una piscina descubierta'.

Tomado del libro Imperio de Ryszard Kapuściński.

14 comentarios:

  1. Kurt Heinrich Himmler era el jefe de la Gestapo, lo que significaba que tenía en sus mano las riendas del poder esencial del régimen. ¿Fueron méritos personales los que le valieron una posición tan alta? ¿Hitler ve en él a un genio superior cuando lo comparó con el creador de la Orden Jesuita? Ciertamente eso no corresponden a los testimonios de quienes lo conocieron, que lo describen como un mediocre. ¿Fue una estrella que brilló con una luz prestada? ¿Era realmente Kurt Heinrich Himmler, el jefe ostensible, que en realidad reinó en el Gestapo y en los servicios secretos, y quién envío a la muerte a millones de personas deportadas por motivos políticos? ¿O era la cara plana visible del antiguo canónigo de la Corte de Baviera, von Ledochowski, el General Jesuita y superior de las SS? Puede parecer temerario e incluso presuntuoso tomar tan indiscreto mirar detrás de las escenas de la Historia. La obra se presenta en el escenario ante el combinado de luces en arco de las candilejas. Esto es más que evidente cuando se estudian a estos ´monstruos sagrados´ para darse cuenta que están lejos de ser iguales a los individuos que se supone representan.
    Tal parece haber sido el caso de Himmler. ¿Pero no sería correcto decir lo mismo de aquel a quien ayudó como su mano derecha, Hitler? Cuando vemos a Hitler gesticulando en las pantallas o le oímos berrear su discursos histéricos, ¿no se tiene la impresión de ver en él los movimientos de un autómata mal ajustado, con los muelles sobrecargados? Sus movimientos más simples y compuestos nos recuerdan a una marioneta mecánica. Y ¿qué pasa con sus ojos apagados y globulares, su nariz floja e hinchada cuya fisonomía de vulgaridad no puede disimular con ese famoso pelo de cepillo y un bigote que parecía pegado en su nariz? ¿Fue este hipnotizador público realmente un jefe, y el ´verdadero´ maestro de Alemania, un ´auténtico´ hombre de Estado cuya genialidad iba a voltear el mundo al revés? ¿O fue sólo un mal sustituto para todo eso? ¿Una cobertura hábilmente plasmada y un fantasma para el uso de las masas, un agitador?
    Él mismo lo admitió cuando dijo: ´Yo soy sólo un clarín´. Hitler trabajaba muy poco, no era un lector y dejaba a sus colaboradores hacer a propia manera. Sus ayudantes le daban la misma impresión de vacío e irrealidad. El primero de ellos, Rudolf Hess, miraba en su propio juicio en Nuremberg como un extraño, y nunca se supo si estaba completamente loco o era simplemente un loco. El segundo al mando fue el grotesco Goering, vano y obeso, que llevaba la más espectacular ópera bufa de uniformes, un glotón, un gran ladrón de cuadros y para colmo, un adicto a la morfina. Los otros personajes principales de la fiesta llevaban el mismo parecido y en los juicios de Nuremberg, fue una de las sorpresas más grandes para los periodistas informar que aparte de sus particulares defectos, los jerarcas nazis carecían de intelecto, carácter y eran más o menos insignificantes. El único que estaba por encima de ese vulgar mafia debido a su la astucia y no por su valor moral fue Franz von Papen, el chambelán de Su Santidad, el hombre que estaba destinado a ser absuelto.

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  2. El Führer sale a escena como un títere extraordinario, pero recordemos el ridículo del ´César digno de un carnaval´, el Duce Mussolini poniendo los ojos en grande bajo un extraño sombrero adornado con borlas de cortina, en las fotografías para propaganda tomado de sus pies, que representa sólo las mandíbulas que sobresalen en el cielo, el hombre de la maravilla, como un símbolo del rock y de una voluntad que no conoce obstáculos. ¡Qué va! A partir de las confidencias de algunos de sus compañeros, se obtiene el imagen de un hombre constantemente indeciso, este ´hombre formidable´ que iba ´invadir todo´ con una fuerza elemental -para usar términos del Cardenal Ratti, futuro Pío XI-, no se resistió a los avances efectuados por el cardenal jesuita Gasparri, secretario de Estado en nombre del Vaticano. Sólo en una pocas reuniones secretas convenció al revolucionario para conseguir la bolsa y equipaje bajo la norma del Santo Padre, para labrarse una brillante carrera que se conoce muy bien.
    Un día, cuando el tiempo haya atenuado la amargura y el odio, se reconocerá que la esperanza, que la orgía sangrienta de las brutalidades que convirtió Italia en una prisión durante veinte años, y las ruinas en la guerra, encontró su origen en un caso histórico casi único: la desproporción absoluta entre el leyenda creada artificialmente en torno a un nombre y las capacidades reales de pobre diablo que llevaba ese nombre, un hombre que estaba obstruido para la cultura.
    Esta fórmula perfecta es aplicable a Hitler, así como Mussolini: la misma desproporción entre la leyenda y la capacidad, la misma falta de ´cultura´ en los dos aventureros mediocres con un pasado casi idéntico, sus fulgurantes carreras pueden encontrar una única explicación en un don natural para arengar a las masas, un regalo que les llevó ante la luz pública. Que la leyenda fue ´creada artificialmente´ es bastante evidente cuando se sabe que hoy en día, la aparición retrospectiva del Führer en las pantallas de Alemania provoca nada más que una sonrisa enorme.
    ¿Pero no era evidente la inferioridad de estos ´hombres providenciales´, la razón misma por la que fueron elegidos para ser elevados al poder? El hecho es que la misma falta de cualidades personales se pueden encontrar en todos los elegidos para el papado. En Italia y Alemania, hubo algunos en el Estado real que fueron los verdaderos jefes, capaces de tomar el timón y gobernar sin tener que recurrir a esos delirantes ´místicos´. Pero estos eran demasiado brillantes intelectualmente y no lo suficientemente flexibles. El Vaticano, y en especial el ´papa negro´, von Ledochowski, podría haber mantenido el bastón de mando en la mano, de acuerdo con la fórmula de fuego, y les hizo servir a su objetivo a toda costa hasta que golpeó la catástrofe. El plan original de Von Ledochowski era crear una federación de las naciones católicas en Europa Central y Oriental, en la que Baviera y Austria (gobernada por el jesuita Seipel) habría tenido la preeminencia. Bavaria tuvo que ser separada de la República Alemana de Weimar, y por casualidad el agitador Hitler, de origen austriaco, era entonces un separatista bávaro que se convirtió de la noche a la mañana en el inspirado apóstol del Gran Reich. La oportunidad de realizar esta federación con la esperanza de hacerse con el conjunto de Alemania nació entonces en el Vaticano y el plan se modificó en consecuencia: La hegemonía de la Prusia protestante tuvo que ser prevenida con un Reich y fue para dominar Europa, y para evitar el federalismo del Reich, tuvo que ser reconstituida por los maestros católicos.

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    1. ´Adolf Hitler no es el verdadero problema en la Alemania actual. Sus días están contados, pero probablemente sea cual fuere la forma de su desaparición de la escena mundial, el problema Prusiano-Teutónico todavía estará allí, esencialmente sin cambios´.
      The Thousand Year Conspiracy, 1943, Paul Winkler.

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    2. El régimen nazi cultivó intensivamente el esoterismo y las ciencias ocultas para alcanzar sus propósitos de dominio absoluto sobre el planeta. De acuerdo con este esquema de la historia, los nazis fueron en la práctica satanistas y magos negros de un culto insano al linaje de sangre aria y el pan-germanismo.
      Adolf Hitler discurso en público sobre la Orden o Hermandad de los ´Caballeros del Santo Grial de la Pura Sangre´, y desde entonces se ha intentado utilizar esta declaración como un punto de conexión oficial entre los nazis y el ocultismo. ¿La apertura al espíritu, a través del uso de la magia negra, del poder y la influencia de una entidad satánica? O en especial, ¿un recuento de la mitología teutónica de los países nórdicos, y su folclore en la historia, la literatura y la filosofía alemanas?
      No hay evidencia alguna para vincular a Adolf Hitler directamente con prácticas de cualquier tipo de magia negra. Aunque, por supuesto, está fuera de toda duda que el Partido Nazi surgió del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista, que a su vez comenzó como la Sociedad Thule -un grupo fundado en el ocultismo y en principios racistas-, no hay pruebas de que el propio Hitler fuese un ocultista.

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  3. Los historiadores consideran la Revolución Francesa un suceso clave que marcó el inicio de una edad caracterizada por cambios radicales en los ámbitos político, económico y social. En el terreno ideológico esos cambios tienen sus raíces en el Renacimiento y posteriormente se convirtieron en el símbolo intelectual de la revolución de una nueva clase social, la burguesía, que se abría paso entre los últimos restos de la rancia nobleza y la masa de hambrientos y desdichados, e iniciaba su imparable proceso de conquista de las instituciones claves del capitalismo, que en el terreno de las ideas protagonizó la sustitución de la Religión por la Ciencia de la mano de la Ilustración, sentó las bases del Positivismo y el Mecanicismo durante el siglo XIX y a lo largo del XX propició una Tecnocracia que ha consolidado la hegemonía occidental.

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  4. El conocimiento científico no es objetivo. Es como la civilización, una conjuración hecha de verdades tan parciales que parecen errores. Se rechaza un gran número de hechos porque trastocarían los razonamientos establecidos bajo un régimen inquisitorial cuya arma más empleada contra la realidad disconforme es el desprecio.
    En un fin sin fin, precisamente las técnicas más desarrolladas pueden provocar la desaparición total de la civilización en un futuro próximo. Todas las centrales de energía, todas las armas, todas las emisoras y todos los receptores de telecomunicación, todos los aparatos eléctricos y nucleares, en una palabra, todos los instrumentos tecnológicos, se fundan en el mismo principio de producción de energía. Una reacción en cadena puede hacer estallar todos estos instrumentos, ya sean gigantescos o de bolsillo. En tal caso, desaparece todo el potencial material y la mayor parte del potencial humano de una civilización.
    Acontecimientos independientes entre sí pueden tener relaciones sin causa, y no obstante significativas a escala humana. Son las llamadas ´coincidencias significativas´, algo como signos de un fenómeno de sincronización que revela lazos insólitos entre el ser humano, el tiempo y el espacio, en un auténtico carnaval de las casualidades.

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  5. Lo que se llama Historia, o sea la sucesión de imperios, batallas, revoluciones políticas, de fechas sangrientas en su mayoría, ¿es realmente la Historia? La Historia verdadera no es la del vaivén de las fronteras. Es la de la civilización. Y la civilización es de una parte el progreso de la técnica, y de otra el progreso de la espiritualidad. La Historia política no es más que una historia parásita que no toma en cuenta los aspectos fantásticos de la realidad.
    La Historia verdadera es desde el punto de vista material, la de la técnica, disfrazada por la Historia política que la oprime, que usurpa su lugar y hasta su nombre. Pero la Historia verdadera es todavía más la del progreso de lo humano en su espiritualidad. Ciertamente, la Historia aparente, visible y superficial, no es más que un osario atascado en la Historia. Las líneas de fuerza de la Historia pueden ser tan invisibles y al mismo tiempo tan reales como las líneas de fuerza de un campo magnético. La Historia es mucho más que la Historia.

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  6. Se observa fácilmente que las personas lucharán y reñirán sin cualquier incitador externo. No hoy una criatura en Tierra que en algún momento de su vida no haya atacado a otro. Uno claramente no necesita un tercer partido manipulador para que surja una disputa entre grupos de personas. Terceros solo causan que disputas y conflictos sean más frecuentes, severos y prolongados. Las peleas espontáneas tienden a ser rápidas, torpes y centradas alrededor de una sola disputa visible. La manera de mantener las peleas artificialmente vivas es creando asuntos irresolvibles que solo pueden calmarse con la completa aniquilación de uno de los oponentes, y luego ayudando a los contrarios a sostener su lucha entre si, igualando las fuerzas de pelea.
    Para mantener una raza entera en un estado constante de disputa, deben generarse problemas acerca de los cuales los miembros de la raza lucharán continuamente entre si, y a su vez engendrarse fervientes guerreros para luchar por esas causas. Éstos son los prototipos precisos de conflictos que han sido creados. Conflictos artificiales han embrollado a la raza humana en un permanente pantano de guerras, que tantos estragos han hecho en la historia humana.

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  7. Los musulmanes y cristianos piensan que era la razón por la cual ellos están luchando por su libertad y salvación espiritual. Ellos creían que luchando y hasta incluso quizá muriendo gloriosamente por su fe, tendrían garantizada su salvación eterna. La historia ha demostrado claramente que el camino para la libertad espiritual es tan fuerte que puede atropellar cualquier camino humano, incluso el impulso para la auto-preservación física.
    En algún punto, las personas sacrificarán sus propias existencias físicas, e incluso la supervivencia física de sus seres amados, si ellos creen que el sacrificio asegurará su integridad espiritual o que provocará su salvación espiritual. Cuando el conocimiento espiritual genuino se distorsiona, y se continúa estimulando el deseo de salvación espiritual, mucha gente puede ser llevada a hacer muchas y grandes cosas absurdas.
    Cuando se analizan las prácticas espirituales de los caballeros cristianos y los musulmanes, se descubre que su participación en las guerras era a menudo exaltada como una demanda espiritual. Guerreros de ambos lados estaban inspirados por misticismos corrompidos que señalaban premios espirituales a ser ganados comprometiéndose en esfuerzos militares contra los otros seres humanos. ¿Qué es entonces la guerra si no una noble búsqueda espiritual?
    No obstante, la guerra es la institucionalización de la criminalidad. La guerra jamás podrá provocar mejora espiritual, porque la criminalidad es una de las principales causas de deterioro mental y espiritual.

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  9. En el archipiélago Solovky en el mar Blanco a lo largo de Arcángel, donde estaba uno de los mayores monasterios de la Iglesia ortodoxa rusa del que los bolcheviques se apropiaron; y Jolmogory a orillas del río Dvina; eran extensos campos de concentración donde los comunistas ejecutaban fusilamientos y ahogamientos masivos atando una roca al cuello de los prisioneros.
    Los llamados ´campos especiales´ de las islas Solovky fueron la matriz experimental del trabajo forzado en el archipiélago Gulag, un inmenso campo de concentración soviético a escala continental.

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  10. La gestión del Partido-Estado bolchevique se caracterizó por la brutalización generalizada de las relaciones sociales mediante leyes hiperrepresivas y consecuente esclavización del pensamiento.
    El Gran Terror - la Yezhovschina o la época de Yezhov, 1936 a 1938 - fue la centralización represiva más amplia posible de los llamados ´elementos socialmente peligrosos´ y de las ´familias de enemigos del pueblo´, que siguió a la represión de los kulaks o campesinos acomodados que se extendió a todos los agricultores, con la hambruna consiguiente, el desarrollo del sistema de campos de concentración y exterminio relacionados a la sovietización de nuevos territorios y a la criminalización intensiva de los comportamientos sociales.
    La hambruna de 1932-1933 mató a 6 millones de personas, fue una medida imputable a la colectivización forzada del campo y a la requisa depredadora de las cosechas llevada a cabo por el Estado bolchevique.
    En realidad Stalin dirigía la actividad del comisario del pueblo Yerhov, conservando todo el control político de los acontecimientos. El Gran Terror, toda una cultura de violencia programada por la cúpula del Partido-Estado para los aparatos represivos de base, designaba al arbitrio las categorías de ´enemigos del pueblo´, acabó como había comenzado: por orden de Stalin.

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    1. Nunca los ´poblamientos especiales´, los campos y las colonias del Gulag, los campos de control y filtro, y las prisiones soviéticas tuvieron tantos internos como en 1945, el año de la victoria en la segunda guerra mundial: cinco millones y medio de personas. Todo eclipsado por el palmarés del triunfo y el efecto Stalingrado, algo que iba a durar una década, en el curso de la cual hubo una especie fascinación colectiva, nacional e internacional, hacia el criminal ´modelo soviético´.
      El hecho de que la Unión Soviética hubiera pagado el tributo humano más pesado para lograr la victoria sobre el nazismo enmascaraba el carácter atroz de la dictadura estalinista y exoneraba al régimen de sospechas.

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